A pesar de que la noche fue un poco movida debido a la cantidad de anécdotas que los aventureros querían transmitirse, la noche transcurrió tranquilamente.
Por la mañana, de nuevo a las rutinas a excepción de las camas pues después del desayuno habría que quitar las sábanas para llevarlas a la «laundry» (lavandería).
Desayuno, asearse los dientes, recoger la habitación y hacer las maletas. Dichosas maletas que en esta semana han adelgazado y hacen que no entre toda la ropa. Unos subidos encima, otros sentados… pero las maletas no cedían.
Una vez dominada la situación y comprobado que todo estaba en orden, regresamos al comedor para disfrutar de las numerosas imágenes realizadas a lo largo de la semana, acompañadas, eso sí, de música. Y tras ello, vino el intercambio de direcciones, emails, teléfonos, firmas y todo aquello intercambiable para que puedan seguir manteniéndose contacto entre los alumnos de los dos centros participantes.
Alrededor de las 11 llegó el almuerzo y con ello el despedirnos de los maestros que nos han hecho posible el final de semana: Mónica y David. Un aplauso enorme para todos los componentes del centro, incluidas limpiadoras (Isabel), conserje (Jose), lavandera, cocineros…
Metimos las maletas en el bus y nos subimos para realizar el viaje de regreso a nuestras localidades. Mientras unos dormían, otros se mareaban. Mientras unos cantaban, otros soñaban. Mientras unos compartían anécdotas, otros vomitaban. Y así de agradable fue el viaje de vuelta.
Alrededor de las 13.30 llegamos a nuestro centro, donde una inmensa cantidad de familiares nos estaban esperando con los brazos abiertos. Besos, abrazos, lloros, saludos… (incluidos al maestro) hicieron que la llegada fuera muy agradable.
Muchas gracias a todos/as los/as alumnos/as por hacerme disfrutar en esta semana y a las familias por permitírselo. Espero que lo recordéis a lo largo de vuestras vidas, pues esto solamente ha sido el inicio… ¡Hasta la próxima!
