Nos negamos a que todo viaje no tenga un final. Y este también lo debe tener.

Aunque los días comienzan con el desayuno, éste lo hará desde la cena anterior pues una bacteria quiso tener su parte de protagonismo en este viaje y, apareció en el último momento, cambiando el rumbo de lo que iba a suceder al día siguiente.

Lo que era recorrer en tren/barco la Bahía de Cádiz y visitar su ciudad, se convirtió en una permanencia constante en el Albergue. La bacteria nos quitó, pero la unión que creó entre todos nosotros (alumnado, docentes, sanitarios, personal del albergue y familias) en unos momentos complicados, nadie lo pudo destruir.

COOPERACIÓN, COMPAÑERSIMO, GRATITUD Y PREOCUAPACIÓN POR EL PRÓJIMO fueron las PALABRAS que salieron a relucir y, las que nos ha demostrado este viaje y este proyecto, que son las primordiales, dejando a un lado el conocer paisajes y monumentos, los cuáles están ahí y podrán ser «conquistados» en otros momentos.

Cuando inicias este tipo de proyectos, la dificultad radica en contactar y encontrar otros centros que «piensen y sean como tú», que estén comprometidos y que se aprenda mucho, pero no solemos centrarnos en los VALORES que con este tipo de actividades se consiguen. Y, ante una situación como la ocurrida, es cuando te das cuenta de la materia con la que las personas están hechas. Y aquí, con estos tres centros, se ha podido demostrar. Se ha creado tal unión, que ni el tiempo la podrá romper. Hemos luchado y remado en una misma dirección por la salud de todo el alumnado, encontrando salida a los «túneles» que aparecían.

Y así es como un viaje debe acabar.

GALERÍA DE IMÁGENES: No tenemos imágenes para demostrarlos (pues las cámaras y móviles estaban centrados en otros menesteres).

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